La borraja: planta y flor con mucha historia

La borraja: Una planta con muchas historias y una flor que tiene más que decir

Borago officinalis Sin tener muy claro su origen a esta planta se la ubica en un principio en el Magreb desde donde se debió extender, a través de España, al resto de Europa y América.

Egipcios, Griegos, Romanos… la consumieron en la antigüedad y esas historias se reflejan en su nombre. El género borago, en su origen latino, hace referencia a borra o pelo rígido, los griegos la referenciaban al pasto y, la cultura celta a borrach de la cual deriva coraje, el mismo que le hacían llegar con brebajes de vino y flores de borraja a los guerreros que partían en batalla .

Lejos del refrán popular “eso queda en agua de borrajas” refiriéndose a que algo que se queda en nada. Toda la planta en sí es una delicia a consumir. De hecho, la planta está muy presente en algunos mercados de la península más oriental. Se consume como verdura fina y delicada simplemente cocinada con un poco de sal y aceite, pero también en guisos, sopas, tortillas, potajes, rebozada…

Flores de borraja azules o blancas perfuman ensaladas, también se utilizan en tempuras, en vinagres, confituras, en sales o dando un toque de alegría y frescor a las bebidas. Su ligero aroma y sabor nos mueve entre el de las ostras, el rábano y el pepino. La textura que la caracteriza es un dulce crocante y su forma sí, tiene mucho que decir: una estrella de cinco pétalos y cinco sépalos dispuestos en el mismo plano con cinco estambres negros colocados en una flecha puntiaguda en el corazón de la flor. Estrella de cinco puntas o pentagramas que representa la figura del ser humano, con los brazos en cruz y las piernas abiertas. Es el símbolo sagrado de la armonía del cuerpo y del espíritu, la representación de los cinco elementos.

Y así se presenta un Foi, chocolate blanco y kikos donde la borraja se posa para completar la delicadeza, armonía, buen gusto y saber hacer del chef Javier Guigou actualmente en el Restaurante Anastasia del Nuevo Hotel Urban Anaga en Santa Cruz.

Si hablamos de las hojas en cocina, las más tiernas se pueden consumir en ensalada. La pilosidad de las más grandes, se puede limpiar antes de su uso en cocina, cierto es, que las cocciones prolongadas hacen que esa textura desaparezca.

La planta contiene mucílagos beneficiosos para nuestro estómago, contiene vitamina C, hierro ... En infusión, a sus hojas se les asignan propiedades sudoríficas, expectorantes y sedativas. Además la planta es productora de una hormona de la alegría, por lo que se la recomienda para reducir el estrés. Sus semillas contienen un ácido graso Ɣ-linoléico-esencial especialmente indiciado para luchar contra el envejecimiento.

Si nos referimos a su cultivo es más bien fácil, en muchas regiones, incluso aquí, en la isla de Tenerife, es considerada una “mala hierba” que también se la utiliza en “agüitas” para hacernos sudar y bajar así la fiebre.

En la Andalucía más mágica parece ser que destaca por sus poderes de fertilizar… por lo que las mujeres han de cuidarse o no de pisar dicha planta.

¿Flores para qué os quiero?… ¿y cómo no os voy a querer?


Deja un comentario