Hemerocallis, flores de gran belleza y ricura

hemerocallis

Hemerocallis: flores de gran belleza y ricura

Seguimos dejándonos sorprender una semana más descubriendo flores comestibles que embellecen nuestro entorno aprendiendo que, además de ser bellas, estas flores son comestibles. Nos referimos a la azucena amarilla o flor de un día (Hemerocallis), tomando del griego su nombre "hemera"="dia" y "kallos"= "belleza" de las que se reconocen más de veinte especies. Confucio la citó ya en sus escritos haciendo referencia sus propiedades medicinales. De hecho, en China y Japón secan sus flores para utilizarlas en cocina por su alto valor nutritivo.

Hemerocallis, totalmente comestible

Toda la planta es comestible, pero quizás por su belleza y sabor lo que nos resulta de mayor interés en este caso son las flores. Se trata de una flor cuyos colores varían desde el amarillo al naranja o al rojo, de cinco pétalos, de textura carnosa y sabor fresco y afrutado que puede recordar al melocotón.

Se puede consumir tanto en platos dulces como en salado, en fresco, rellenas, secas o cocinadas. Se recomienda retirar los estambres y pistilos si no queremos quedarnos con el gusto picante que dan los mismos. Además de crudas se pueden escaldar, hacer en tempura o simplemente fritas. En ciertas regiones de China se conservan en sal, azúcar o asociada a otros ingredientes, teniendo en cuenta que se comporta como un espesante natural dada su textura mucilaginosa.

Fácil cultivo

Si bien hay que tener en cuenta que la flor dura solamente un día, en Tenerife es una planta que se puede cultivar fácilmente durante todo el año y disfrutar de sus flores fresquísimas. Ahora pues, que ya la conocemos, será fácil reconocerla en nuestras calles dado su carácter ornamental. No obstante, desde esta sección recordamos que no se recomienda el consumo de flores 

comestibles tomadas de la calle, parques o jardines ya que han podido ser tratadas, visitadas por algún animal... 

Flores hermosas y efímeras que nos regalan lo mejor de su belleza ¿Para qué os quiero? Y ¿Cómo no os voy a querer?

Deja un comentario