capuchina mucho más que una mala hierba

La capuchina, una "mala hierba" que no tiene desperdicio

Campanilla o marañuela en Tenerife, o también reconocida por capuchina "Trompaeolus Majus", asemejándose a los monjes capuchinos de 1737 que, Carl von Linné debía observar y encontrar sus similitudes. 

Planta viajera cuyo origen se establece en Perú, de donde se extendió a toda América y desde allí al resto del mundo a través de los colonizadores españoles. Ya en aquellos viajes reconocieron sus virtudes así, al regresar de América, trajeron consigo sus semillas, permitiendo que hoy esté completamente naturalizada. Quizás fue a ellos, como a los americanos de la II Guerra Mundial, a quienes salvó del escorbuto por su alto contenido en vitamina C, por calmar la tos, por ser utilizada contra afecciones urinarias.. entre otras propiedades.

Sus hojas finas y curiosamente redondeadas, se asemejan a un paraguas con el fin de recoger y absorber la mayor cantidad de agua. Su tamaño es signo de madurez, que también se ve expresado en su sabor: de pequeñas redondeadas capaces de dar un broche de sabor a mostaza y forma a cualquier plato. Ya cuanto mayor se hace la hoja su gusto pasa a más intenso y picante como el de los rabanillos. Su forma da mucho juego, una base natural a la que se le puede servir y colocar sus correspondientes complementos que forman parte de un perfecto bocado. Con carnes, con pescados, completando sopas, cremas y hasta deliciosas tortillas. Son perfectas para mezclar con los quesos frescos y mantequillas para dar un toque a mostaza.

Tallos, hojas, flores en ensaladas, por su puesto para dar textura, color y sabor. En general, el color de las flores de capuchinas que crecen por la isla de Tenerife son amarillas y anaranjadas. Si bien el trabajo de las abejas permite ver maravillas de combinaciones de estos colores que sorprenden a quien las admira. Su sabor es dulce y al final también picante que crujen en la boca creando sensaciones espectaculares.

Toques delicados pueden ser los de introducir las flores en el ultimo momento de cocción de una confitura, cristalizadas, rellenas, deshidratadas o simplemente dando un toque de color, sabor y personalidad a un buen vinagre de la casa. Mi opción favorita, como no podría ser de otra manera, un mojo de flor de capuchina que sólo se puede describir cuando se prueba.

Pero esto no termina así, las semillas recolectadas en verde pueden encurtirse en vinagre y en seco molerse para servir como un tipo de pimienta molida.

Planta generosa de fácil crecimiento que lo único que espera son esas primeras lluvias para crecer y propagarse enramándose por los campos sin límites que se le pongan.

En el campo resulta muy útil, amigos me cuentan que la aprovechaban para alimentar el ganado, cierto es que al cortarla, desprende un olor característico del que ellos mismos no quieren volver a ver en el plato. También me han contado que en épocas de escasez salvó mucho el hambre en las casas, quizás sean ambas cosas las que a la gente del campo de la isla, por muy gourmet que nos parezca, sus recuerdos siguen siendo más pesados.

Para los que cultivamos ahora de manera ecológica, nos sirve de cultivo trampa del pulgón, ya que a este bicho le encanta… así que cuando hay una buena cantidad del mismo, sólo hay que cortarla y llevarnos toda la plaga sin necesidad de más trabajo.

Parece ser que los soldados Incas tomaban flores de capuchina mientas estaban en combate y para olvidarse así a sus mujeres… Quizás era ese, el golpe de fuerza que necesitaban para olvidar donde dejaban el corazón y aguantar hasta el final de la batalla.

¡Flores para qué os quiero! Y es que ¿Cómo no os voy a querer?

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